DomMay31

Me quedé mirándola fijamente.

Sus ojos estaban cerrados, pero no me atrevería a asegurar que dormía. Tras de sus párpados, de forma casi imperceptible, distinguí el movimiento involuntario que evidencia la falta de control sobre las acciones que provoca el sueño. Pensé de inmediato en aquella frase que seguramente tiene una buena estructura gramatical que no logro reproducir, pero cuya idea es que estás junto a la persona adecuada si, aun viéndola en su forma más descuidada, te sigue pareciendo atractiva. Ella me lo parecía, y mucho. Quizás ese momento del que habla la frase es el instante después de despertar, cuando sigue habiendo reacciones involuntarias, pero ya no son justificadas por la falta de consciencia. Era la primera vez que la vería despertar, y es natural…

El día anterior ni siquiera sabía que existía.

Quería verla abrir los ojos, esos ojos pequeños que ya mi mirada había degustado en breves episodios, enmarcados por uno de sus más grandes y evidentes atributos: sus largas pestañas, negras, intensas… retadoras; pero también detestaba esa idea, porque sabía que una vez que lo hiciera sería para alejarse, para no volver a verla nunca más.

Ella dormía.

Me perdí en su contemplación una gran cantidad de insuficiente tiempo. Apartaba la mirada constantemente, cuando el movimiento bajo sus párpados era más evidente, pues no deseaba que me sorprendiera contemplándola de aquella forma, pero tan pronto como retiraba la mirada, ésta volvía al ataque.

Jamás un semblante tan neutro había resultado tan expresivo. Me pregunté si soñaría… y en tal caso, cuál sería ese sueño. Quizás no fuera uno de ésos que puedes recordar y contar al despertar, porque quizás en ese caso habría más gesticulación en su rostro… su rostro…

Fui testigo de la más grande maravilla que puede haber sobre la tierra: la belleza femenina naturalmente expuesta. Su cabello, bendito sea, se encontraba sujeto y dejaba al descubierto ese hermoso rostro trigueño, lleno de imperfecciones que sólo la mirada exhaustiva, insistente y quizás hasta impertinente puede notar. No era una piel completamente tersa, pero se plegaba con gracia en los puntos exactos para dibujar una figura llena de armonía.

Pronto despertaría, fui consciente de ello, como en este momento, en el que ocupaste un segundo de tu vida -que no volverá- en leer la palabra anterior. De modo que, más que mirar su expresión, la viví.

“Estás aquí”, pensé. “Nadie puede arrebatarme tu contemplación”.

Este momento es mío.

La curva de sus cejas, medianamente pobladas y de una simetría extraordinaria, le daba un aspecto serio, de mujer reservada… quizás lo era. Su nariz era recta… perfecta…

Los labios, de sinuosas y abundantes formas fueron el blanco más socorrido de mis miradas. No había humedad en ellos, sin embargo… mi deseo se concentró mucho tiempo allí. A punto estuve de acercar los míos para darles un poco de esa humedad que les hacía falta, pero me contuve… de hecho, creo que sería más atinado decir que mi pensamiento formó una imagen en la cual nuestros labios se juntaban, pero en realidad jamás estuve cerca de intentarlo.

Su cuerpo era también hermoso, aunque no pude contemplarlo en ese momento. Lo había visto por breves momentos anteriormente. Quise alejarme un poco para poder deleitarme con la vista completa de esa maravilla que estaba allí, tan cerca de mí, pero mi espalda contra la pared me impidió hacerlo. Volví, pues, a concentrarme en su rostro.

Una y mil veces lo recorrí, tan lentamente como me fue posible, para quedarme con su imagen de forma perpetua en la mente. Era un rostro serio, elegante… inolvidable…

Quizás como un regalo previo al momento de la separación, de manera involuntaria, eso es seguro, separó ligeramente sus labios. Un suspiro mío se coló a través de ellos, por donde se asomaba un par de dientes que auguraban una maravillosa sonrisa. Ojalá pudiera reír en sueños.

Cerré mis ojos un instante, justo antes de la última mirada, porque presentí cuál sería el momento exacto en el que ella despertaría.

La miré.

Adiviné sus ojos abrirse…

Dirigí los míos hacia otro punto…

Las puertas del metro se abrieron, y ella salió para perderse entre la gente mientras yo acompañaba su andar con la intensidad de mi mirada.

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