MarJun02

Conozco muy poco de ella y, sin embargo, a menudo acude a mis recuerdos. Sé que es más que su bella figura enfundada en aquel vestido verde que, con toda seguridad, hizo las delicias de más de una mirada masculina.

El escenario fue una fiesta. El pronóstico no era favorable, y es quizás por ello que ese instante se convirtió en algo mágico. Porque eso que acude a mi mente en algunos episodios es justamente un instante, un momento de ese tiempo que duró la reunión en el que su presencia acompañó la mía.

¿Qué esperaba yo de ella? A decir verdad… nada.

Ella iba acompañada. No parecía ser su novio… pero tampoco parecía no serlo. Es decir, no había una certeza de ninguna de las dos posibilidades… pero iba acompañada.

Mirarla al llegar fue inevitable, como inevitable fue descubrirme por momentos dirigiendo mi mirada hacia donde ella estaba. Pero no representaba más que una linda estampa incluida en el marco de aquella reunión.

No sabía que en esa noche habría un instante que ella protagonizaría.

La coincidencia de una furtiva mirada a la distancia fue la que lo inició. No sé si fui yo o fue ella la primera en mirar al otro, pero sé que la diferencia de tiempo debió haber sido de apenas una milésima de segundo, y mi reacción ante aquello, tardó acaso un poco menos; mi mano derecha se levantó, como si tuviera voluntad propia, para señalar con el índice la pista, con un discreto movimiento, mientras mis labios dibujaban la palabra “¿bailas?”.

Ella asintió.

Pronto nos encontramos bailando. Charlamos, sí. La conocí un poco… también. Pero sé muy bien que no fue nada de lo que dijeron las palabras lo que recuerdo con esa insistencia de esas tres piezas en que robé su presencia sólo para mí, sino lo que callaron… los momentos de silencio en nuestras voces… pero de elocuencia en las miradas.

Muchas veces algo salió mal: su cuerpo giraba al lado contrario del que mi brazo dictaba; mi mano, incapaz de superar su altura, golpeaba mi cabeza; el nuevo paso que intentaba introducir no era del todo comprendido… Pero muchas más veces… algo salió bien. Invariablemente, una sonrisa se dibujaba en mi rostro al contemplar la suya; ese giro en sentidos opuestos provocaba la necesidad de tomarla entre mis brazos, para evitar una caída; una vez aprendido ese paso parecía como si hubiéramos sido creados para repetirlo una y otra vez…

Todo el tiempo sonreímos…

Fue tan sólo un instante, pero ¿no es cierto que la vida se compone de ellos?

Conozco muy poco de ella… pero sé que ese momento permanecerá mucho tiempo en mis recuerdos, y hará brotar una sonrisa cada vez que evoque la suya...

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