SábJul04

México no podría explicarse
con tan sólo unas líneas escritas;
porque tanto que hablar necesita
una voz que no sepa callarse.

Es que México tiene contrastes:
y, si hablar he de hacerlo de todo,
debería encontrarle acomodo
a lo bello, al mal y al desastre.

México es corrupción desmedida,
es insultos a diario en las calles,
debatir por insulsos detalles
y arreglar el problema a mordidas.

Es un hombre incapaz de cederle
el asiento o el paso a una dama;
es el tiempo vertido en la cama
y es pretexto a la vida ofrecerle.

México es, finalmente, tristeza,
porque México tiene cultura,
mas prefiere llenar con basura
sus sentidos, amén de pereza.

Pero México es más que eso:
es dulzura que puede beberse;
es amor que sólo ha de obtenerse
de una madre cuando te da un beso.

Eso es México, es una madre
trabajando de noche y de día,
son sus lágrimas, las de alegría;
son sus lágrimas, las de la sangre.

México es toda la picardía
de un albur, de un piropo cualquiera;
es ingenio que nadie de fuera,
aun queriendo, lo comprendería.

México es más que “buenos” pretextos
para justificar el fracaso;
no son once mediocres de paso,
ni es un técnico lleno de textos.

No es quien busca que un diario lo alabe,
es quien pone su vida en empeño
con sus piernas, sus brazos, sus sueños
con sus puños, de sobra lo Chávez.

México es tranzar con ahínco
pero es mil veces más y lo entiendo:
es el fiel pueblo reconstruyendo
la ciudad en el ochenta y cinco.

Eso es México, y es lo que pasa
olvidar es tan fácil lo bello,
olvidar de esta tierra su sello
que es decir que mi casa es tu casa.

Eso es México, y sigo adelante,
renegar de esta tierra no puedo;
yo nací mexicano y me quedo
a escuchar la voz de Pedro Infante.

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