Martes, 25 Agosto 2015 00:12

Sin presentir

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Empezó sin presentir
lo que un “hola” podría ser;
lo que un niño, desafiando su destino,
algún día iba a amar a una mujer.

-¿Cuántos años tienes?
-Veinte.
-Yo soy un poco mayor. Tengo treinta.
-Vamos, no lo representas.
Yo sabía, no hay edad para el amor.

Puso su mano en la mía
y puse en su oído mi voz,
y fue todo… y me enteré de aquel modo
que a su vida le gustaba también yo.

Y la invité a caminar,
y por fin, me senté enfrente de ella,
y se miraba tan bella
que sentí que debía hablar.

-Me gustas mucho.
-¿Por qué
me despertaste tan pronto?
Y me sentí como un tonto.
-Quizás lo deba pensar.

-¿Cuándo me dices?
-¿Mañana?
-Bueno- le dije, y calló.
Y su cara parecía ilusionada,
me besó la mejilla y dijo “adiós”...

Ella me estaba esperando
y nervioso pregunté.
-Ven- me dijo, y caminamos.
Sin saber dónde, llegamos
e impaciente la miré.

-No quiero que haya problemas,
ve, yo soy mayor que tú.
Quizás… 
-Calla-. 
Tomé sus manos, y su alma
desnudé con mis ojos y su luz.

-Vamos a dejarlo así,
yo soy diez años mayor;
no quiero que un día… 
-¡No!
¿Tú sientes algo por mí?

-¿Acaso no lo has notado?
-¿Entonces…?
-También te quiero…
es sólo que tengo miedo.
-No temas, aquí estoy yo.

Sé que podemos vivir
juntos algo tan hermoso…
¡Vamos! ¿Puedo darte un beso?
Sonriendo, me dijo “sí”.

Y empezó, sin presentir
lo que un beso podría ser,
un amor que, 
al paso del tiempo, hoy
por sentir sólo una vez
valió la pena vivir.

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