Dauny

Dauny

Esta noche

Sé que esta noche estarás
en un lugar alejado;
sé que a esta fecha he dejado
quizás de significar
un motivo para dar
tus mejores sentimientos;
lo comprendo, aunque no acepto
que tenga que ser así;
quisiera tenerte aquí…
para sentirme completo.

No sé con quién estarás;
temo que sea con él,
que ha ganado, por ser fiel,
tu confianza; que le das
lo que fue mío de más;
y aunque infiel nunca te fui,
me faltaron argumentos
para amarte… Hoy no miento:
te deseo junto a mí.

Aquí tienes un lugar
esta noche o cuando quieras.
¡Ay! Esta noche que espera
a un ciclo poner final…
Quizá lo que hago está mal,
pero, si el ciclo termina,
esa luz que ilumina
nuestros caminos sinceros,
de corazón, yo lo espero
permanezca aún viva.

Hoy no sé… no sé mil cosas…
no sé qué harás, no sé dónde…
no sé con quién… Y no esconde
mi ignorancia que te posas
en mi corazón, mi anhelo,
sé que piensas que son celos,
y los hay, mas ésos pasan;
Niña, si quieres, mi casa
esta noche es tu cielo.

Sin presentir

Empezó sin presentir
lo que un “hola” podría ser;
lo que un niño, desafiando su destino,
algún día iba a amar a una mujer.

-¿Cuántos años tienes?
-Veinte.
-Yo soy un poco mayor. Tengo treinta.
-Vamos, no lo representas.
Yo sabía, no hay edad para el amor.

Puso su mano en la mía
y puse en su oído mi voz,
y fue todo… y me enteré de aquel modo
que a su vida le gustaba también yo.

Y la invité a caminar,
y por fin, me senté enfrente de ella,
y se miraba tan bella
que sentí que debía hablar.

-Me gustas mucho.
-¿Por qué
me despertaste tan pronto?
Y me sentí como un tonto.
-Quizás lo deba pensar.

-¿Cuándo me dices?
-¿Mañana?
-Bueno- le dije, y calló.
Y su cara parecía ilusionada,
me besó la mejilla y dijo “adiós”...

Ella me estaba esperando
y nervioso pregunté.
-Ven- me dijo, y caminamos.
Sin saber dónde, llegamos
e impaciente la miré.

-No quiero que haya problemas,
ve, yo soy mayor que tú.
Quizás… 
-Calla-. 
Tomé sus manos, y su alma
desnudé con mis ojos y su luz.

-Vamos a dejarlo así,
yo soy diez años mayor;
no quiero que un día… 
-¡No!
¿Tú sientes algo por mí?

-¿Acaso no lo has notado?
-¿Entonces…?
-También te quiero…
es sólo que tengo miedo.
-No temas, aquí estoy yo.

Sé que podemos vivir
juntos algo tan hermoso…
¡Vamos! ¿Puedo darte un beso?
Sonriendo, me dijo “sí”.

Y empezó, sin presentir
lo que un beso podría ser,
un amor que, 
al paso del tiempo, hoy
por sentir sólo una vez
valió la pena vivir.

A veces

A veces, cuando respiro,
necesito verte;
a veces quiero escucharte,
cuando late el corazón.

De vez en cuando que corre mi sangre
anhelo sentir tus besos;
sólo cada vez que pienso
quiero que estés junto a mí.

Hay veces en que te extraño
y es sólo cuando ese día,
por casualidad, salió el Sol.

A veces, si parpadeo,
necesito hablarte;
sólo quiero tus caricias
si por las noches dormí.
¿Ves que no resulta cierto
que siempre te esté pensando?
Yo sólo te necesito
si necesito vivir.

Pollema

Y me puse a recordarte, cuando niña,
¿lo recuerdas? Esos tiempos infantiles
de los juegos, los berrinches… de las riñas
con tu hermano, por lanzarte proyectiles.

Y lo hice porque quiero hallar asomos
de… lo que quiera que llene este momento;
tu ilusión de redactar en muchos tomos
esta historia, y muchos, muchos sentimientos.

Mas mi búsqueda no fue tan exitosa;
encontré muchas imágenes y frases
que bien pueden definirte: estudiosa,
impulsiva, independiente… o dando clases.

Y es que busco imaginarte en las facetas
que conozco, y aquéllas desconocidas;
te recuerdo, por ejemplo, con la meta
de cursar y concluir una maestría.

Te recuerdo levantándote, furiosa
a protestar por lo que crees una injusticia,
Te recuerdo intolerante y caprichosa;
bondadosa muchas veces… buena hija.

Sobre todo, te recuerdo indiferente,
aunque aclaro: es quizás sólo a mis ojos,
al deseo y conveniencia de otra gente,
e imponer el tuyo, a veces con enojos.

Y eso… no va con la escena que atestiguo
esta noche, que te miras tan sonriente,
que compartes ese anhelo tan antiguo,
el del amor infinito, con la gente.

Para muchos eres todo un personaje;
mi papá decía “es la más centrada”;
sé que cada quien tendrá de ti una imagen;
mas… ¿será la de mujer enamorada?

En resumen, no había visto de tu vida
una escena que me diera la certeza
de saber que, como hoy, te encontrarías
con la pieza ideal de tu rompecabezas.

Hoy estoy pensando en ti

Hoy estoy pensando en ti;
hoy te busco en mi recuerdo,
porque sé que estás allí.
Y recuerdo tu sonrisa,
dibujada tan bonita
con el Sol, hoy pienso en ti.
Y, aunque ayer te conocí,
tu mirada entró en mi vida
y, mirándote a escondidas,
descubrí que estás en mí.

Hoy estoy pensando en ti.
Te recuerdo tan bonita
con el beso que te di
hoy en nuestra despedida;
hoy te vi… hoy te viví.

Acróstico

Antes de hoy no sabía,
o quizás no recordaba,
que dentro, en mi alma guardada,
y oculta en la lejanía
de los años, yo tenía
un mundo de sensaciones,
sentimientos e ilusiones
que mucho tiempo habían sido
lo más grande; mas dormido
aguardaba en los rincones.

No sé, no sé a ciencia cierta
cuándo empecé a provocarte
el deseo de quedarte
toda la noche despierta;
pero un día tocó a mi puerta,
insistente y parecida,
esa sensación dormida;
y, no sin cierto recelo,
decidí abrirle, y el cielo
llegó de nuevo a mi vida.

Dejó de ser importante
esa absurda lejanía
entre tú y yo, y cada día
vuelo hasta tierras distantes
con mis sueños visitantes
para unirse con los tuyos;
desde entonces, yo te incluyo
en este mundo pequeño;
estás presente en los sueños
que día a día construyo.

Recordar cada momento
me provoca una sonrisa,
y es que esta mente indecisa
dejó que los sentimientos
afloraran, y me siento
como un adolescente;
me gusta cuando, insistente,
me pides que no me vaya,
mi voz, entonces, se calla,
pues quien habla no es mi mente.

Eres tú, es tu presencia
la que inspira mis palabras,
ésas que piden que abras
también tus puertas, y anuencia
para llenar de experiencias
inolvidables tu vida,
¿qué importa si es a escondidas?
Si, finalmente, no somos
más que cómplices, dos gnomos
de travesuras unidas.

Ahora ya hay entre nosotros
frases, palabras, decretos…
como códigos secretos
incomprensibles para otros.
No sé si cause alboroto
fuera de aquí, mas no importa
lo que este sueño conforta
está en ti… está en nosotros…
desbocado, como potro
que hasta el cielo nos transporta.

Los momentos a tu lado

Hoy me puse a recordar
los momentos a tu lado;
hoy me mantuve ocupado
quizás en sintetizar
en uno solo el que más
nuestra vida haya marcado;
y al pensarlos, con cuidado,
entre tantos, yo me encuentro
que los mejores momentos
son los que aún no han llegado...

Un sueño

Te hablaré de un sueño que tuve hace poco…
fue ayer, cuando, al fin, mis sentidos dormían;
fue quizá nostalgia… o quizás fue alegría
por saberme parte de un sueño tan loco…
por creer que en ti, con un verso, provoco
sólo un sueño… un sueño colmado de flores;
en mi sueño había luces de colores
alumbrando el cielo de un jardín precioso,
con un kiosco al centro, como marco hermoso
de una escena entre estos célebres actores…

Ella: hermosa dama de gentil figura;
él: tan sólo un hombre de mirar profundo;
ella nació cual regalo que hizo Dios al mundo;
él, amante eterno de aquella hermosura.
En el fondo escuchan la fiel obertura
con la que iniciare un sentir tan humano:
ella se levanta y extiende su mano;
él la toma y luego la breve cintura;
en los ojos de ella encuentra ternura…
y en los de él un fuego se extiende lozano.

Así nos hallamos, por fin, frente a frente,
yo, siguiendo el ritmo que dictan tus pasos,
convierto este baile en un cálido abrazo
y encuentro en tus ojos, por fin, esa fuente
de tantos desvelos, de tenerte en mente;
yo miro tus labios, tú miras mis ojos,
y al hacerlo busco y encuentro en el rojo
de ésa tu sonrisa la respuesta inocua
a este corazón, que tu vida toca,
y conjuga en él mismo timidez y arrojo.

¿Cómo he de explicar la sensación divina
del calor del cuerpo que vibra a mi lado
que sólo sintieran Julieta y su amado?;
mas no soy Romeo… y tú eres… Yasmina.
Y aun así tus ojos, que a mi anhelo animan,
penetran mi sangre, y al ángel caído,
mi voz se convierte en un canto en tu oído,
y tus manos tiemblan, y yo… tiemblo todo…
se cierran tus ojos, y así, de ese modo,
se funde en un beso tu labio y el mío…

Un beso

Desde aquí te envío un beso,
como sutil colofón,
se originó en un deseo
que me dictó el corazón…

Pero no sé su destino,
¡vaya!, sé el que yo elegí,
mas ignoro si el camino
desvíe su rumbo hacia ti.

Quizá haga un alto en tu frente,
quizá llegue a tu mejilla…
o en tus manos se deleite,
o se pose en tu barbilla…

O quizás… ¡Mujer querida!
cuando callo y pienso en eso
sólo le pido a la vida
que te haga llegar… un beso…

Gracias

Muchas veces escuchamos frases vanas
y creemos que entendemos su sentido,
pero pocas realmente se han comprendido;
hoy me pasa a mí al pensar “ya no hay mañana”.

Porque mañana, lo sé, no habrá un “nosotros”
como tantos que hubo ayer, malos y buenos,
a escondidas, a la luz; grandes, pequeños…
como amigos, como amantes, como socios.

Sé que hay cosas que ya no han de realizarse:
ya no habrá más diversiones en un parque,
sé que no habrá más películas los martes,
sé que hay muchos “ya no habrá” qué lamentarse.

Yo no sé si volveremos a encontrarnos,
lo que sí es que no seremos más los mismos,
y eso huele a bendición, y no es cinismo;
aunque duele, seremos grandes humanos.

Así que… esto es un adiós, mas no pretendo
acongojarte, al contrario, te mereces
ser feliz, dar, recibir, amar con creces…
por favor, perdóname por ser tan necio.

Sólo queda, por las cosas compartidas,
expresarte un profundo agradecimiento;
gracias, Eli, por tu esfuerzo, por tu tiempo,
por hacerme formar parte de tu vida.

Yo por eso quise hacerte este homenaje,
tan pequeño, pero lleno de memorias
construidas en cuatro años, de una historia
en la que fuiste un importante personaje.

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